jueves, 17 de abril de 2014

Verde Oscuro


El miércoles 9 de abril - de 13:30 a 15:10 - iniciamos en firme el recorrido anual, les dije a los chicos que este, el Verde Oscuro, es un grupo que debe estar preparado para salir de la escuela a mostrar sus producciones teatrales, así lo han hecho otros Verde Oscuro en el pasado; en 2013 en ocasión de las puestas para la Copreti, en la Escuela 4 y en el Teatro Municipal, con 'No quiero brócoli', 'El castillo de oro' y 'Sainete de patio de conventillo', lo hicieron y bien.
Este Verde Oscuro 2014 es más heterogéneo que el inmediato anterior, no pesan en éste tantas individuales descollantes como en aquél, lo que implica una labor de bloque total para llevar al grupo completo a otro punto de desarrollo.
Hay - como en otros grupos - regresos de chicos y chicas que habían transitado la escuela en el grupo azul o en el bordó, este es un dato sumamente interesante, pues supone que vuelven a un lugar en el que han pasado buenos momentos. Es muy gratificante verlos disfrutar intensamente este reencuentro.
El primer encuentro estuvo dedicado a que pusieran en juego dramático el cuerpo, echamos mano a aquella vieja secuencia de acciones determinadas por el argumento de 'La casa de la calle Cucha-Cucha' con sus puertas infranqueables, alarmas laser, techos aplastantes, pisos de los que brota el agua, regalos misteriosos, relojes-bomba y leones hambrientos o monstruos que matan a un sólo toque.
Luego de un recorrido totalmente dirigido, les pedí que lo hicieran solos y que lo encararan como obra de teatro. Hubo mayoría de momentos de desempeño totalmente autónomo, cortados por el "y ahora ¿qué sigue?", cuestión común para los actores en cualquier ensayo; cuando se dieron esas interrupciones en la actuación, Valentín Blanco operó como eficiente reparador de la continuidad (él sabía que seguía). La acción fue comprensible para el espectador y el nivel de compromiso corporal fue alto, esto último fue lo que hizo especialmente atractiva la puesta.
La idea central de desarrollo, es justamente para este año, aumentar el grado de compromiso corporal del grupo, a fin de alcanzar la aparición y afinamiento del cuerpo teatral, y la consiguiente intensidad dramática de cada acción en escena.
El miércoles 16 de abril volvimos a encontrarnos, una cuestión central que se presenta año tras año, sobre todo en las primeras clases es que se agregan nuevos chicos, no me refiero a chicos con escolaridad que aún no hayan concurrido este año, sino a chicos completamente nuevos en la escuela, que hacen en la oportunidad su primer contacto con el lenguaje, o lo han tenido en la escuela primaria con la consecuente carga de "primarización de la experiencia artística". Ya hablaremos más adelante de cuáles son los cruces de la trama de la cultura institucional de la escuela primaria y la enseñanza artística, pues es un recorte muchísimo más general que el que nos ocupa en este artículo, que sólo refiere a la experiencia pedagógica particularísima de un encuentro, con un grupo y en una ocasión determinada. Esta situación implica "ir hacia atrás" y dedicar la primera parte de la clase a explicitar el "para qué" de la reunión a los recién llegados, a través de algún juego o ejercicio para ellos, de modo de barrer las nubes de miedos o ansiedades que pudieran estar presentes, llevándolos al terreno seguro de la confianza y contención, y al mismo tiempo a la sensación - además cierta - de ser tenidos en cuenta.
Luego les pedí que encararan en grupos parciales, con un conflicto nuclear - de libre elección - plantar escenas. Sólo se consignó: el alejamiento de situaciones cotidianas. Este ítem es fundamental pues si la búsqueda se orienta hacia el encuentro de lo extra-cotidiano para lograr máximos desempeños expresivos, que la escena exija el escalamiento de una montaña por ejemplo, hará que el compromiso corporal crezca. Se vio una escena de familia que sufría el secuestro de sus hijas asumida desde procedimientos absolutamente teatralistas y distanciantes.
Un aparte merece el uso de las telas y elementos de vestuario, es cierto que espectacularmente - para el punto de vista del espectador - crece de inmediato la teatralidad, pero esta es una cuestión que pertenece casi exclusivamente al campo del artificio escenográfico, digo "casi" porque es probable, que en algún caso, el vestuario modifique positivamente al/a actor/actriz en el mayor uso de sus posibilidades expresivas, pero es de hacer notar que si bien una buena raqueta ayuda, es harto difícil que usar una excelente raqueta haga que un mal tenista pueda vencer a un top-ten, por más que el top-ten use una de encordado flojo. Entonces esto es un tema de negociación, quedamos en que para la próxima, comenzaremos vistiéndonos, luego "nos subiremos a la tabla que flota en medio del mar luego del naufragio" no importando así si nuestro vestuario "dice" que somos una dama europea del 1850, un súper héroe con capa o un bandido de cara tapada. Lo verdaderamente importante es el crecimiento de la gestualidad significante.
 

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