Para la Jornada Internacional de Erradicación del Trabajo Infantil, se proyectó realizar tres obras de teatro en las que intervendrían dos grupos de la Escuela de Estética. Los grupos, decidimos que fueran, uno del turno mañana y otro del turno tarde. Los elegidos: el grupo Naranja y el Verde Oscuro.
Se advertía claramente que teniendo un tema fijo: el trabajo infantil, la puesta debería construirse con los procedimientos propios de las poéticas teatrales que portan intencionalidad didáctica, tanto en su estructura de superficie, como en su aspecto semántico; al modo del movimiento del teatro independiente argentino (Roberto Arlt, Leónidas Barletta), del teatro épico (Bertolt Brecht) y del teatro político (Erwin Piscator), usando - por lo tanto - al humor, a la ironía y a la parodia, como procedimientos para el efecto de distanciamiento o extrañamiento.
Otra cuestión a tener en cuenta para estas puestas en particular, fue la necesidad de acondicionar el espacio escénico de modo tal que la exigencia implícita en el "paladar" del público, a la hora de acudir a presenciar una representación teatral organizada, fuese satisfecha. A tal fin, se imaginó e hizo, lo siguiente: a) Entelar el fondo y los laterales del SUM, a efectos de lograr la construcción de la caja escénica, neutralizando apriori el espacio de la ficción, para que luego en él sólo se dieran de presencia la gestualidad significante de los actores y la escenografía (mínima) que se decidiera plantar; b) Mejorar la escenoplastia con iluminación de mayor grado luminotécnico, que la que habitualmente se usa en espectáculos en la escuela c) Mejorar el sonido desde la técnica y efectuar un minucioso trabajo en la planta musical.
El grupo Naranja está formado por chicos de seis años, es sumamente complicado generar a los seis años los procesos dramatúrgicos de creación colectiva partiendo de, o estando encorsetados por un eje temático predeterminado; distinta es la situación que se plantea con el Verde Oscuro, ellos sí pueden generar dramaturgia de actores "por encargo".
Se decidió, en consecuencia, proveerle al grupo naranja un texto dramático que lo sustente (1), el texto elegido fue 'Una mano para Pepito' de Roberto Tito Cossa . La elección fue sencilla y fundada en varias razones: la obra forma parte del patrimonio dramático de la escuela, fue realizada ya en varias oportunidades por diferentes grupos y versionada desde la más pura ortodoxia hasta formatos que la tornaron no reconocible, salvo en su estructura profunda; en su aspecto semántico se acomoda con extrema facilidad al eje temático 'trabajo infantil'; su diseño de trama es sumamente atractivo, tanto para el público infantil y adulto, como para los pequeños actores y actrices.
Sinopsis de la obra original:
Fue así que aparecieron las escenas de: "Los fruteros", "Las pepitas", y "Los ninjas".
El grupo Naranja está formado por chicos de seis años, es sumamente complicado generar a los seis años los procesos dramatúrgicos de creación colectiva partiendo de, o estando encorsetados por un eje temático predeterminado; distinta es la situación que se plantea con el Verde Oscuro, ellos sí pueden generar dramaturgia de actores "por encargo".
Se decidió, en consecuencia, proveerle al grupo naranja un texto dramático que lo sustente (1), el texto elegido fue 'Una mano para Pepito' de Roberto Tito Cossa . La elección fue sencilla y fundada en varias razones: la obra forma parte del patrimonio dramático de la escuela, fue realizada ya en varias oportunidades por diferentes grupos y versionada desde la más pura ortodoxia hasta formatos que la tornaron no reconocible, salvo en su estructura profunda; en su aspecto semántico se acomoda con extrema facilidad al eje temático 'trabajo infantil'; su diseño de trama es sumamente atractivo, tanto para el público infantil y adulto, como para los pequeños actores y actrices.
Sinopsis de la obra original:
- Pepito, un niño que juega en la calle, es abordado por Mandamás - el dueño del pueblo - que, de mala manera le comunica que en el todo el territorio de la aldea está prohibido jugar e ir a la escuela, de modo tal que para cumplir con la ley - que Mandamás mismo dicta - debe dejar de jugar y ponerse de inmediato a trabajar para él. Ante la negativa de Pepito, Mandamás decide llamar al Juez, a los guardias y ordenar se le aplique la Ley de las cuatro pruebas. A partir de allí Pepito deberá sortear las pruebas con éxito antes de que amanezca o de lo contrario será ejecutado. Una mano gigante - Meñique - irrumpe en escena a modo de secreto, misterioso e inesperado ayudante de Pepito, brindándole la posibilidad de vencer el desafío. Esto es así hasta la última prueba en la que el propio Meñique reconoce que no podrán solos, por lo que se hace necesario convocar más manos para ayudar, interviene entonces todo el pueblo que quiere la liberación de Pepito y la propia, para ello se convoca a los chicos del público a contribuir con Pepito, y a acabar con el yugo al que somete Mandamás a todos.
Fue así que aparecieron las escenas de: "Los fruteros", "Las pepitas", y "Los ninjas".
- Los fruteros: un grupo de niños trabaja incansablemente en la cosecha de frutas, son extremadamente creativos, a cada instante imaginan como hacer más eficiente, sencillo y posible su trabajo. (construyeron - por ejemplo - escaleras con baldes de helado).
- Las pepitas: un grupo de niñas juega en una calle de la aldea, aparece Mandamás, las hace encarcelar y pasar la Ley de las 4 pruebas so pena de ser ejecutadas al amanecer. Irrumpe en escena luego una mano mágica que ayuda a las niñas a sortear cada una de las pruebas a las que son sometidas
- Los ninjas: en algún lugar y en alguna época un grupo de niños juega a ser ninjas, entrenan duramente.
- Quiénes son oprimidos por Mandamás y sufren en carne propia la presencia de su actividad opresora: Las pepitas.
- Quiénes son oprimidos por Mandamás y no tienen - sin embargo - conciencia de su propia situación: Los fruteros.
- Quienes se preparan para vencer a Mandamás: Los ninjas.
- Las pepitas.
- Los fruteros.
- Los ninjas.
En el final todos, absolutamente todos, son convocados y vienen a echar a Mandamás, que - vencido por la voluntad popular - se aleja de la aldea para nunca más volver. A partir de ese glorioso momento todos los chicos podrán jugar, ir a la escuela y no tendrán que trabajar. Las cuatro pruebas fueron reducidas a tres: a) la de las naranjas; b) la del toro Bonifacio y c) la de la fuente.
La planta musical es:
- La cabalgata de las Valquirias, de Wagner. (Entra Mandamás)
- La primavera, de Vivaldi. (Juegan las pepitas)
- Vai Vedrai, de Cirque du Soleil. (Trabajan los fruteros)
- Danza de espadas, Música tradicional oriental. (Entrenan los ninjas)
- Los payasos, Música circense infantil. (Todos festejan el triunfo sobre Mandamás)
La producción del grupo verde oscuro:
Como fue dicho más arriba este grupo está en condiciones de generar su propia dramaturgia en torno a un eje temático. Surgieron en el trabajo varias escenas de las que elegimos dos.
- La primera - titulada finalmente 'No quiero brócoli' - muestra a un grupo de chicas que son secuestradas y sometidas a un régimen de trabajo esclavo, por una pareja de jóvenes y elegantes esclavistas, que a modo de tortura por "mal comportamiento esclavo" les hacen comer brócolis a las niñas secuestradas, a mayor falta, más brócolis. Las chicas finalmente escapan y vuelven a jugar a la plaza. Los esclavistas lo lamentan mínimamente, están seguros que encontrarán otros a los que someter.
- La segunda que fue titulada "El castillo de oro" muestra la vida de quienes habitan dos casas de un barrio pobre. En una de ellas hay un grupo muy numeroso de niñas que juegan, al cabo de un rato comienzan a pedir comida, la madre y una tía que está junto a la madre buscan en una alacena vacía algo que cocinar, sólo encuentran una bolsa de pochoclo que las chicas rápidamente comen; cuando reclaman más alimento el griterío alerta a quienes viven en la casa de al lado: dos chicos. Los chicos acuden a preguntar qué es lo que sucede, al enterarse que lo que ocurre es que las niñas tienen hambre y no tienen qué comer, prometen que trabajarán incansablemente hasta conseguir a cambio de su trabajo "un castillo de oro", símbolo de riqueza y, por ende, de la segura satisfacción de las necesidades básicas. Un hombre aparece en escena, necesita que alguien haga para él una gran piscina, los niños se ofrecen a construirla si el contratante se compromete a pagarles con un castillo de oro, el hombre se compromete a hacerlo. Los niños trabajan duramente y construyen la piscina, el hombre les entrega el castillo. Los chicos van a la casa de las niñas y entregan el castillo a la madre. Todos festejan. Luego del festejo hay un apagón, transcurren años, aparecen nuevamente quienes fueron los niños que consiguieron el castillo, ya peinan canas, y le cuentan al público que, trabajaron y trabajaron hasta alcanzar sus objetivos, se hicieron ricos, pero... perdieron algo muy valioso e irrecuperable, la posibilidad de vivir y disfrutar de su niñez.
En 'No quiero brócoli' están muy presentes los procedimientos propios del teatro épico, hay parodia, humor e ironía, se produce entonces el efecto de distanciamiento, el espectador no se identifica emocionalmente con los personajes, sino que mira lo que sucede y piensa. En 'El castillo de oro' despuntan, en cambio, los procedimientos propios del teatro independiente argentino o del sistema del realismo reflexivo nacional, por lo tanto hay identificación emotiva del espectador con aquello que les sucede a los personajes. Con esta última puesta sucedió algo que es importante puntualizar, la primera versión concluía con los festejos por el castillo conseguido por los chicos trabajadores; la intervención de la coordinación del taller consistió en plantear que, de tal modo, se sustentaba una tesis distinta de la esperada, estábamos diciendo que el trabajo infantil puede ser exitoso y que de él pueden seguirse resultados deseables; en un principio se pensó que éstos eran motivos suficientes para bajar la obra de la muestra, pero a poco de analizarlo se comprendió que las representaciones e ideas que de ahí seguían eran de las efectivamente circulantes en el imaginario social, se pensó entonces que no era sano obturar su emergencia, sino, por el contrario, permitir su puesta en superficie y allí confrontarla, de manera de no esconder la conflictividad barriéndola bajo la alfombra.
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