martes, 25 de junio de 2013

La evaluación

Es a partir de la selección de criterios evaluativos - en cada instancia - que podré evaluar si las propuestas desarrolladas durante el proceso han sido adecuadas y si los estudiantes han adquirido saberes nuevos de los que pueden disponer. Es importante remarcar, que el único modo de conocer a ciencia cierta que los estudiantes han adquirido esos nuevos saberes, es comprobar que disponen de ellos. Los saberes se construyen en la trama experiencial, por contacto directo, experiencia sensible y el maestro presente. 
Los saberes no pueden construirse al igual que los conocimientos a través de la lectura, sin probar de lo que se trata, sin producir aquello que se pretende; el objeto - en cambio - puede construirse así en el caso de los conocimientos y por lo tanto pueden ser evaluada su efectiva integración, a través de respuestas verbales, orales o escritas, a determinadas preguntas. Los saberes, en cambio, no son transmisibles de modo indirecto; no se pueden adquirir desde un manual, un tutorial, un libro; para saber hay que probar, hacer, gustar, tocar. EL SABER DA PODER DE USO. El material es explorado, cortado, estirado, retorcido; así es como el que explora, corta, estira, retuerce, se apropia del material, se empodera de él y, una vez que se ha apropiado se encuentra en condiciones de producir con él; sólo si lo vemos, escuchamos, tocamos, gustamos u olemos producir, estamos en condiciones de afirmar que sabe hacerlo.
Ahora bien, "la evaluación jamás mejora lo aprendido, en el mejor de los casos: sólo lo refleja" (E. Litwin, en: La evaluación de los aprendizajes en el debate didáctico), entonces, siendo rigurosos debemos reconocer, que aún en el caso de que el estudiante no haga lo que se espera que haga en una instancia evaluativa, no se puede seguir de ello que el estudiante no ha adquirido el saber.

Criterios evaluativos:
La selección de estos criterios debe hacerse teniendo en cuenta los propósitos planteados en el proceso que se evalúe. Es de suma importancia entonces, tomar como referencia la totalidad del proceso realizado y no sólo los productos conseguidos.
Así es que se tendrán en cuenta:
#La aceptación del como sí o sí mágico en situaciones diversas.
#La efectiva separación y/o superposición de los espacios, real-imaginario, ficción-público.
#La aceptación y disfrute del desempeño del rol.
#La continuidad ficcional sin interrupciones del rol personal.
#La mantención de la organicidad.
#La comunicación intraescena.
#La comunicación extraescena.
#La comprensión y el sostenimiento de las tesis subyacentes en el aspecto semántico.
#La aceptación de la protección ficcional.
#La disposición ante la asunción del riesgo que ofrece el desafío dramático.
#La comprensión de la importancia central de la gestualidad significante actoral corporal.
#La comprensión y aceptación de la necesidad actoral del trabajo sobre sí mismo.
#La comprensión de la relevancia de las aptitudes técnicas.
#El avance en el abandono del temor a la exposición.
#La comprensión de los diferentes grados de la improvisación y su efectivo recorrido.

Instrumentos

El docente debe explicitar a los alumnos aquello que se evalúa en cada instancia, de esta manera los niños podrán reflexionar sobre los logros de aprendizaje alcanzados. En un primer momento (muy mínimo) es solo el docente el que determina las pautas de evaluación, clarificando conceptos para que el grupo de alumnos tome conocimiento del lenguaje técnico y los elementos que se evaluarán. Luego se habilitará una instancia en la que la observación y reflexión crítica de los trabajos se realizará conjuntamente entre alumnos y docente, teniendo como objetivo subrayar los aciertos, enriquecerlos, y dar la oportunidad de modificaciones y corrección de los errores y dificultades observados durante el proceso en relación con los propósitos planteados. Dentro de esta concepción evaluativa se proponen como instrumentos adecuados, y que deben ser usados en alternancia e integradamente: la autoevaluación, la devolución y la evaluación grupal.
  • La autoevaluación permitirá a los alumnos reflexionar sobre su propio proceso, revisando y valorando sus posibilidades expresivas y comunicativas, comparando su progreso con lo que esperaba lograr y detectando los obstáculos que ha enfrentado y sus logros.
  • La devolución habilitará un espacio de dialogo en donde el docente con los alumnos realizan ajustes acerca de los modos en que realizaron la improvisación o ejercicio en los que intervienen el cuerpo, el espacio, la relación grupal, los procedimientos de ficcionalización, etc. De esta manera se aclaran los alcances del contenido que se está trabajando, verbalizando valores y conceptos propios de la materia.
  • La evaluación como construcción grupal en la que se abre el debate sobre los roles, la dinámica grupal, los contenidos trabajados, la producción, etc.

Indicadores 
  • Informes narrativos, bitácoras
En cualquiera de las situaciones la información evaluativa no debe restringirse a la reseña de los puntos débiles, sino que debe comprender un diseño necesario para la modificación en acción de los errores detectados, y también la asunción comprensiva de los avances y éxitos. El resultado de una evaluación deberá incidir no sólo sobre las conductas de los estudiantes, sino también sobre las del profesor, sobre la planificación, sobre la propia evaluación y sobre los instrumentos de apreciación.
Se evalúa, por lo tanto, sobre situaciones cotidianas del aula y en condiciones reales de trabajo, no mediante  instrumentos ajenos a la dinámica teatral.

Estrategias 
Sobre todo procesuales, permanente acción-reflexión; hacemos y reflexionamos sobre lo que hacemos, hacemos y reflexionamos - por lo tanto - en constante construcción de experiencia, retroalimentación y crecimiento espiralado.
Las diagnósticas son instantáneas, una sucesión de fotos; obsérvese que la final de ayer es la diagnóstica de hoy.
La evaluación final - final en rigor - es aquella que hacemos nosotros, el grupo completo: los estudiantes, el coordinador (que es el docente) y el público. Estamos hablando de expresión dramática, y en el teatro, la mitad es la que recibe esa objetivación de contenidos subjetivos en situación de encuentro (el hecho dramático): el público.
Es de hacer notar también que las procesuales son también diagnósticas (no se puede ignorar a la diagnosis como componente constante en la evaluación de un proceso) y finales (no es lícito inconsiderar la posibilidad de recortar el proceso y decir: “hasta aquí”). Con esto quiero dejar en claro que estas divisiones son meramente arbitrarias, la trama real es orgánica, muy lejana a “la máquina”, en ella conviven, se superponen, imbrican y entrelazan íntimamente a punto de fundirse: lo procesual, lo final y lo diagnóstico.

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